El cerebro, como cualquier otro músculo del cuerpo, es flexible y cuanto más se use mayor rendimiento nos dará.

En esta premisa nos basamos para promover el entrenamiento cognitivo en todas las etapas del envejecimiento. Hay que tener en cuenta que en el Envejecimiento Normal se produce un desgaste que se manifiesta en una disminución de la velocidad de procesamiento de la información y reducción de la plasticidad cerebral. Es por este motivo que se presenten diferencias cognitivas entre los cerebros ancianos y los cerebros en la edad adulta.

La primera evaluación cognitiva se debería comenzar en esta fase. Actualmente no se considera un control rutinario, pero es tan importante como realizarse análisis periódicos para que en el momento en el que se observe alguna alteración, poder actuar con la mayor premura. Se recomienda comenzar actividades como historia del arte, inglés, clases de informática, talleres de memoria… para mantener la actividad cognitiva lo más semejante posible a etapas anteriores a la jubilación.

¿Qué tipos de deterioro cognitivo existen?

El Deterioro Cognitivo Leve (DCL)

Es el estadio intermedio entre el envejecimiento normal y la demencia. En la evaluación se observa un leve deterioro en algunos aspectos cognitivos (la mayor afectación suele darse en memoria) y no hay repercusión funcional.

Se caracteriza por una perdida subjetiva de memoria, que se manifiesta en olvidos frecuentes que para la familia suelen ser olvidos banales: dónde ha dejado las llaves,  no “le sale” una palabra o nombre de un conocido… Cuando se detecta un DCL es recomendable el entrenamiento cognitivo así como su seguimiento. Las investigaciones muestran cómo la intervención temprana consigue mejores resultados y a más largo plazo que cuando se ha establecido un deterioro moderado.

La demencia

Produce una pérdida progresiva e irreversible de una serie de capacidades cognitivas y además se ven afectadas actividades básicas de la vida diaria. Se afectan dos o más áreas: memoria, capacidad  para resolver problemas, actividades perceptivo-motrices, cálculo, lenguaje, control emocional, alteraciones conductuales…

Cuando se inicia un proceso de demencia, es necesario hacer un seguimiento neuropsicológico del paciente con un entrenamiento cognitivo de al menos 3 días semanales en el que se trabajen todas las áreas afectadas y potenciar las que prevalezcan. Es necesario resaltar que cuando una función se pierde, el daño es irreversible, por ello la necesidad de trabajar con estos pacientes en fases tempranas y acompañar a la familia en este proceso. El entrenamiento cognitivo va a permitir mantener las funciones cognitivas durante un mayor periodo de tiempo, y cuanto mayor tiempo las mantengan, mayor independencia tendrá el paciente y menor carga tendrá el cuidador.

La demencia más común es el Alzheimer, que comienza con dificultades mnésicas en fases iniciales y existe conciencia del problema. En fases más avanzadas se suele acompañar de dificultades cognitivas, alteración en las funciones ejecutivas, dificultades atencionales y se acompaña de anosognosia (no es consciente del deterioro). Además, existen otros tipos demencias: Demencia de Pick, Demencia frontotemporal, Demencia vascular, Demencia mixta, Demencias por TCE…

Dificultades cognitivas

Es importante aprender a detectar las diferentes alteraciones cognitivas que se observan en la demencia para poder realizar una intervención en las fases tempranas del proceso. Por ello, vamos a realizar una breve descripción de ellas:

AgnosiaApraxiaAfasiaAmnesiaAcalculiaSíndrome disejecutivo
Es el fallo en el reconocimiento de estímulos que no puede ser atribuido a alteraciones en los sentidos (vista, olfato, tacto, gusto y sistema auditivo), deterioro mental, trastornos atencionales o afasia… Por ejemplo: el paciente no es capaz de denominar un objeto que se le presenta porque no reconoce lo que es.
Es la alteración en la ejecución de un acto motor previamente aprendido, que no es causada por paresia, perdida de sensibilidad, trastorno del movimiento, dificultad de comprensión u otra función superior como puede ser la atención o la memoria. Por ejemplo: el paciente no es capaz de abrocharse un botón.
Es la pérdida del lenguaje, por lo que se utiliza para denominar las alteraciones del lenguaje una vez alcanzado su nivel de desarrollo básico. Las afasias se caracterizan por presentar dificultades de producción o de comprensión del lenguaje.

Es un trastorno asociado  a pérdida de la memoria relacionado con hechos  y episodios, no suele afectar a habilidades. Se presentan dos tipos:

  • amnesia anterógrada:la persona no puede recordar hechos o eventos nuevos, pero sí recordará hechos anteriores.
  • amnesia retrógrada: la persona no recordará sucesos o eventos de su pasado, primero desaparecen los sucesos más cercanos en el tiempo y luego los más lejanos. La amnesia retrógrada es la que se da en un proceso de demencia.
Es la dificultad para resolver problemas aritméticos tras haber alcanzado su nivel básico.
Se produce una alteración en las funciones ejecutivas. Existen diferentes procesos como la inhibición, la flexibilidad cognitiva, la memoria de trabajo, y las que derivan de ellas como la planificación y la organización.

Dificultades emocionales

La alteración emocional más frecuente es la depresión y en ocasiones puede ser la primera expresión del Alzheimer.

También se pueden dar delirios y alucinaciones, predominando las ideas delirantes de robo para compensar los olvidos de memoria. También puede aparecer como idea delirante que ha visto a un familiar fallecido, esto sería consecuencia de una dificultad de identificación de las personas.

Dificultades de conducta

Las alteraciones de conducta que nos podemos encontrar son la tendencia a la fuga, vagabundeo, agresividad, y trastornos de la sexualidad que vienen derivados de una alteración de la inhibición del paciente. Pueden volverse pasivos, con pérdida de iniciativa para realizar tareas que antes les motivaban, baja tolerancia a la frustración…

Las alteraciones de conducta y las alteraciones emocionales son las que más afectan al entorno familiar. Existen técnicas dirigidas a la persona cuidadora que ayudan a mejorar algunos aspectos de ellas y que permiten que su relación con el paciente sea lo más positiva posible, ya que ayudan a la persona cuidadora a comprender porqué suceden.